17/05/11

Isol: despertar de las miradas


Este es un texto que escribí y leí en las quintas Jornadas "Leí, corté, pegué: escritores contra la hoja en blanco" en el IES Nº1 "Dra Alicia Moreau de Justo"


Isol es el seudónimo de Marisol Misenta escritora e ilustradora de libros- álbum para niños. Un libro- álbum, según Denise Escarpit, es:

Una obra en la cual la ilustración es lo primordial, lo predominante, pudiendo estar el texto ausente o con una presencia por debajo del cincuenta por ciento del espacio. Un álbum puede así tener, por un lado, un contenido textual y, por el otro, debe tener, obligatoriamente, un contenido gráfico y/o pictórico.


Este diálogo entre artes, entre la plástica y la literatura, nos desafía con las múltiples lecturas que se generan entre lo que dice el texto y lo que dice la ilustración, ya que no siempre comparten la misma visión del relato.
Isol considera que “somos analfabetos en lecturas de imágenes” y que deberíamos recuperar ese lenguaje pictórico que solemos perder cuando crecemos.
En el libro- álbum, a diferencia del libro ilustrado, las ilustraciones son consideradas como un nivel narrativo que interactúa con el del texto. Este nuevo papel del ilustrador como coautor permite que la calidad plástica se desarrolle y que se le pueda otorgar al libro- álbum valor pictórico.
Analizaremos, a continuación, algunos aspectos de la poética de esta autora. Hemos elegido tres libros- álbum de su autoría: Vida de Perros , El Globo y El bazar de los juguetes .
Para Isol no existen los límites, en su vida y en sus creaciones la música, la literatura y la plástica conviven, se fusionan y se enriquecen mutuamente. Sus ilustraciones se caracterizan por la elección de colores plenos y trazos gruesos. No genera sombras, utiliza planos cerrados y logra una síntesis en sus imágenes.
Sus trazos simples nos llevan a un mundo sin reglas donde todo vale: pasarse de las líneas, garabatear, dejar manchas que se produjeron en el frenesí de la creación, etc. La libertad, el juego y la imaginación sin límites son características de su poética.
Por otra parte, sus personajes se encuentran, según la propia autora, “un poco peleados con la realidad” , cuestionan las realidades impuestas por la sociedad y recrean sus propios mundos a través de la imaginación.
En el cuento El globo se problematiza la relación de Camila con su madre, que de tanto gritar, hincharse y enrojecerse de furia se metamorfosea en un globo rojo y calladito. Las historias de Isol tratan temas complejos, sin buscar un fin moralista o un único significado. En palabras de la autora, hay que dejar “salir a jugar a los fantasmas para que se vuelvan más livianos y visibles.”
En Vida de perros, el niño duda de la certeza de la madre acerca de la naturaleza humana ¿Por qué él no puede ser un perro? ¿Por qué no puede gustarle hacer las mismas cosas que a su perro: ensuciarse, correr a los autos, etc.)? ¿Por qué no volar con la imaginación?
El bazar de los juguetes es un tango de Reinaldo Yiso donde se cuenta la historia de un hombre que en su niñez era muy pobre y en nochebuena no recibía ningún regalo. De adulto trabaja en un bazar y le pide a su jefe que lo deje comprar todos los juguetes y repartirlos a los niños carenciados. Isol realiza una adaptación de este tango y amplia la perspectiva de lo que es un juguete, alejándose del concepto consumista. Nos propone una visión del mundo donde los niños pueden disfrutar de la creatividad, de la naturaleza, los cuentos y el amor familiar.
Los libros- álbum de Isol no tienen un lector de edad determinada, sino que interpelan a todo lector predispuesto a despertar la mirada y a focalizar la vida diaria desde distintas perspectivas.

08/05/09

La isla




Se recostó sobre la hierba, algunos insectos comenzaron a revolotear a su alrededor. El ambiente estaba húmedo y el aire era difícil de respirar. Ya no recordaba cuánto tiempo llevaba en la isla.
La casa que la hospedaba se encontraba roída por el paso del tiempo y el clima provocado por las cercanías del río. Por dentro, las maderas crujían y aún más por el hecho de encontrase elevada sobre el nivel del suelo. De las paredes colgaban cuadros pintados por aquella –extraña o maravillosa– mujer que la hospedó. Las figuras eran de paisajes atravesados de una vaga tristeza, que a uno lo acompañaba al mirarlos. Plantas de todo tipo rodeaban cada sección de la casa, macetas plenas de verdes hojas, algunas colgantes, otras erizadas, algunas rojizas, pero todas sin flores.
¿Qué hacia allí rodeada de agua turbia y verde selvático? Se sentó a contemplar el inmenso parque que la rodeaba, respiró aire de río y mantuvo unos segundos la cabeza en blanco. Pero el miedo a que se repitieran aquellos episodios la invadió. Decidió acercarse al muelle, caminó hacia allí, lento, recordando que al fin podía sentir el espacio abierto, la inmensidad de la vida y no sentir ahogo.
El muelle terminaba en una pequeña plataforma con un asiento, para esperar a la lancha colectiva o contemplar los alrededores. Se recostó en él y se quedó dormida.
Algo la sacudió y una luz la encandiló, no entendía nada, abrumada logró salir de la ensoñación. Te has quedado dormida, niña- le dijo la dueña de la casa, con una amable sonrisa. He preparado la cena, Julia- y dejó de alumbrarla con la linterna.
Las luciérnagas titilaban en la oscuridad, escondidas por todas partes y la luna se reflejaba en el agua, la calma llenaba el aire. Julia la siguió hasta la cocina donde el dueño de casa y su hija pequeña las esperaban. Se sentaron en una mesa redonda de madera. Comieron cordero acompañado con papas humeantes y agua mineral, que guardaban en un gran recipiente; no se podía beber agua del río. Terminada la cena, Julia se asomó al amplio balcón que daba al río, se apoyó en la baranda, pensativa. Sabía que algún día debía volver, el dinero se le estaba acabando y los días pasaban. Nunca había fumado- pensó, mientras prendía su segundo cigarrillo de la noche y recordaba lo tortuoso que había sido para ella el viaje hasta la isla: algo tan simple para cualquier persona, pero no para ella en los momentos en que tocaba el infierno. Los habitantes de la casa se habían retirado a dormir, Julia decidió hacer lo mismo.
1, 2, 3, 4… el pánico se apoderaba de ella y no podía detenerlo. Se le metía en las venas, la paralizaba. 1, 2, 3, 4… se agarró del pelo, gritó sin sonido. Voy a perder la cabeza, voy a caer en la oscuridad, en la muerte, en la nada – palabras que estallaron en su mente y la cegaron. Todo gira, gira, caen sus lágrimas, nadie puede ayudarla. Gritó y salió el sonido. Julia abrió los ojos.
Sus pies descalzos tocaron el frío piso del patio de una casa, ella reconoció el lugar, pero no entendía como estaba allí. ¿Acaso había soñado la isla? Se levantó, aún su sangre continuaba helada y en todo el lugar repicaba su corazón aturdido, aterrorizado. Escurridiza y temblando entró a la casa. Se dirigió a la habitación en donde ella, usualmente, dormía. Pues, se hallaba, otra vez, en su propia casa.

Libro no leído: mundo por descubrir


Hojas frescas sin el tinte de mis manos, sin la curiosidad de mis ojos. Nueva aventura por descubrir.
El suspenso existe en el incierto camino que el libro o yo recorreremos hasta encontrarnos. ¿Cómo llegará a mis manos? ¿Lo encontraré perdido entre tantos otros libros, que piden ser llevados, será un regalo especial de cumpleaños o un préstamo de algún amigo?
Lo cierto es que una vez juntos, comienza mi ritual. En principio, dejo que las hojas movedizas se rocen con las yemas de mis dedos, mientras que el aroma (que para mí tiene un deje de vainilla) inunde mis sentidos. Luego, mi cuerpo y mi mente se preparan para vivir una nueva historia. Cada fibra de mi ser vibra ante lo desconocido. Los seres –humanos, mágicos o de otras índoles – palpitan la llegada de mis palabras para recobrar vida y ser descubiertos.
La tensión, que se genera en el instante previo en que ese libro sea leído, es palpable. Se podría decir que hasta sonora. Y cuando las palabras se convierten en imágenes, ya no se distingue el libro de mi ser, sino que ambos estamos de viaje.
Cuando el recorrido llega a su término, esa historia leída y vivida estará inmortalizada en mi ser, es un vínculo pactado, irrompible y sagrado con ese libro.
Como el tiempo cíclico e infinito, quizás, ese libro tenga un nuevo destinatario y otro nuevo libro esté por llegar a mis manos. Por mi parte, saboreo, con goce, la espera.

08/04/08

Cuentanotas


Varios árboles, unas ovejas sucias, chatarras, enorme máquina-monstruo con dientes de picos que come chatarra, puente, baldíos, paso nivel, estación…
Nota: La chica sentada junto a mí duerme. Su mejilla izquierda roza el vidrio vacilante pegado a su asiento.
Villorrios, torres de cemento que ocultan al sol y guardan a la gente, negocios donde se gastan los sueldos para no sentir vacío, paso nivel, estación…
Nota: Una señora trata de penetrar con su mirada en mi mente, lo sé: quiere mi asiento, pero no hay turnos para asientos ni se puede rotar de tanto en tanto. ¡Lástima! falta bastante para que me baje.
Fábricas, galpones, pintadas, mugre, paso nivel, estación…
Nota: perdí la cuenta de los que pasaron a pedir monedas, repartir estampitas, cantar, gritar – por qué gritarán tanto– y vender. Lo dejo para mañana.
Confluencia de trenes, algunos bares lindos y una plaza, paso nivel, estación…
Nota: Hoy nadie se ha arrojado al tren, ni me han insultado sin motivo o con motivo, no olí el sudor del sobaco de algún hombre que, a pesar de saber de su mal olor, se agarra del pasamano más alto justo debajo de alguna cara.
Árboles, puentes, grises construcciones, casas de cartón, paso nivel, estación…
Nota: El aire se convirtió en la fetidez de un pedo, que tapó mis fosas nasales. Transpiré por no animarme a despertar a la chica y abrir la ventana.
Suciedad, perros vagabundos, un hombre durmiendo bajo el puente, paso nivel, estación…
Nota: Hay una mujer de pelo corto parada a mi lado. Hace rato sospecho que…
El hombre de cabellera rubia y rulos se bajó corriendo, llegué justo a descubrir entre sus manos el cuaderno-diario donde escribía. Mis ojos vieron algunas de sus notas durante su viaje, mas no llegaron a leer por completo su contenido porque se distraían en contar las figuras de ciudad que el tren dejaba a su paso para evitar que me maree.
Largo recorrido de vías enroscadas como víboras, una flor de metal, un galpón de un escultor extraño, andenes, final del recorrido.

13/03/08

Un extraterrestre en la tierra media





Cada día en que se acumulaban los recuerdos e informaciones en su cerebro, sacaba una placa rígida, transparente y apoyaba su dedo en ella. Sin necesidad, si quiera, de moverlo y mediante éste sus pensamientos llovían sobre ella en forma de letras: así escribía su diario…

Día I
Niebla espesa, mis censores de visión se encendieron y divisé la cadena de montañas que en mi mapa figuraba, majestuosa. Me detuve, mis sentidos se agolparon, intenté relajarme y me fijé en que todas las cosas estuvieran listas. Continué caminando.

Día II
Gritos en el aire, aves extrañas sobrevolando. Mi cuerpo pegado al piso se arrastró sigilosamente. El aroma de las flores me mareó, sentí nauseas.
A lo lejos estaban las minas “Los Ranales”, debía llegar a ellas según mis instrucciones. El miedo comenzó a devorarme.

Día III
Descansé entre dos montículos duros llamados “rocas”.La tranquilidad, se manifestó en la mañana.
Los feroces osos negros, que tanto temía, no se materializaron.
Me dirigí rumbo a la “Piedra de las tres cuadernas”.
Los vientos fueron fuertes, como se me había advertido, En mi cuerpo encorvado se sintió la resistencia, pero los atravesé y me dirigí al pueblo “Del Agua”.

Día IV
Llegué al sitio señalado como mi objetivo, Hobbiton estaba en frente de mí. El lugar era extraordinario, cada parte de mi ser deseó absorber la belleza y guardarla. Esto no debió retenerme, la búsqueda de Frodo estaba pendiente.

carta de Emma Zunz


Querida Elsa Urstein:
“Los pedacitos de congoja en cambio derraman pétalos o miedos, pero también espinas despaciosas que no se van/ se quedan.”
[1] Así es como me siento, amiga.
Te preguntarás: ¿Por qué maté al Señor Loewenthal? ¿Cómo fueron los hechos? Lo que me sucedió fue increíble, pero en el sentido del horror de lo increíble.
El señor Arón Loewenthal, hombre serio, respetable para todos e incluso para mí, antes de lo acontecido en aquel siniestro día.
La tarde del domingo, recibí su llamado pidiéndome que me acercara a las oficinas para comentarme un (pretexto) asunto de la huelga. Hacia allí me dirigí, había dejado la verja abierta para que pudiera pasar, rodeé al perro de la entrada y llegué hasta su despacho. Me saludó cordialmente y me indicó que me sentara en su diván. Así comenzó a persuadirme con un débil discurso sobre la lealtad e intentó sonsacarme información sobre los cabecillas de la revuelta. Quedé perpleja, sentada allí, tímida, titubeante, sin decir una palabra, se produjo un sordo silencio. Se sentó a mi lado y comenzó a acosarme, un monstruo suspendido en el tiempo, creó que grité, la nebulosa rodea mis recuerdos.
La oscuridad cesó, no se cómo recordé que en su escritorio escondía un revolver, le rogué que me trajera agua e imagino que creyendo en mi ingenuidad, lo hizo. Secuencias rápidas, disparos salieron de mi mano, de mi cuerpo, de mi alma y mi odio. Sólo los ladridos del perro lograron devolverme a la realidad, temblorosa anuncié a la policía: - Ha abusado de mí y lo he matado.
¿Acaso estoy condenada por castigar mi ultraje? ¿Quién no mataría a su verdugo?
Intentando salir de la maraña que es hoy mi vida, “Los pedacitos de felicidad son como fiebres migratorias, llegan con la estación en alza, se van con el segundo frío”
[2], ojalá se quedaran en mi para siempre.

Emma Zunz

P.D.: “Iniuriarum remedium est oblivio”
[3]





[1] Benedetti, Mario, “Garantes”, de La vida ese paréntesis.
[2] Benedetti, Mario, “Garantes”, de La vida ese paréntesis.
[3] “El olvido es el remedio de los daños"
Nota: Esta carta evoca al cuento "Emma Zunz" de Jorge Luis Borges.

08/03/08

El zumbido


Joaquín se levantó una mañana en medio de un sopor.
Se llevó una mano a su oído derecho, su cara se transfiguró al darse cuenta de que el zumbido que escuchaba no había sido solo parte del sueño que acababa de tener. Lo que él oía no era como una pava a punto de hervir ni como un silbido, sino como si hubiera estado escuchando música en altos niveles toda la noche, aunque no había sido así.
Se levantó he intentó hacer su vida normal, pero eso que lo perseguía lo dejaba en una especie de trance.
A la mañana siguiente el zumbido había desaparecido, aunque volvió a repetirse con el paso de los días. El suceso resultó aleatorio y Joaquín pensó que era parte de su estrés. Al principio le costó aguantar esos momentos en que el zumbido estaba allí, ya que le provocaba mareos y a menudo necesitaba presionar su oído con el intento, en vano, de detenerlo. Pero luego de unos meses logró acostumbrarse a esa presencia y a veces se mofaba diciendo a quien viera que se encontraba acompañado, obviamente el interlocutor se preguntaba por quién y Joaquín se anticipaba respondiendo que su amigo “el zumbido” estaba con él.
Un atardecer –de un día impreciso– una comezón sorprendió a Joaquín. Éste se llevo la mano a la oreja derecha para rascarse y allí se encontró con un pequeño cabito que le salía del orificio, lo sujeto con sus dedos y tiró de él. Tuvo que cerrar los ojos porque la presión que le ejerció la salida del objeto le hizo soltar algunas lágrimas de dolor. Lo dejó caer, aún con los ojos cerrados como con temor de ver lo que era. Cuando los abrió, parpadeó un poco aturdido. La seguridad de que ya el zumbido no estaría más en él lo lleno de tranquilidad. Joaquín se quedó un rato más mirando la pequeña pluma de pájaro que reposaba sobre el piso.

06/03/08

Autorretrato


El oscuro rostro de un perro ladrando, caninos chorreantes de espuma rabiosa, imágenes, manadas de gente caminando la rozan sin saber que ella existe, imágenes, manos que tapan oídos para no oírla, para no oírla.
Ella abrió los ojos, estaba sentada en la cama y hacía rato que se había perdido. Desde el monitor de su computadora Frida la observa tiesa en su autorretrato. Ella se sintió inválida como Frida, pero sin físicamente estarlo. Pensó que a pesar del dolor la artista mexicana se veía bella en rojos, amarillos y azules.
Encendió un cigarrillo y se acercó a un espejo al lado de su cama, la imagen duplicada estaba pálida. Ella tomó sus maquillajes y comenzó a pintarse: polvos negros y rosas, brillos y pestañas arqueadas. Su cuadro ya estaba listo. Sonrió, las imágenes ya habían dejado de hostigarla.

04/03/08

Hastío del personaje


Si pudieras levantarte de la cama, correr las cortinas y la oscuridad de las cosas fuera absorbida. Si abrieras la ventana y dejaras que el encierro, olor rancio, alcohol y humo se escapara. Si permitieras que tu familia te visitara y aceptaras su apoyo.Si recordaras aquel camarín de mala muerte, que redecoraste y te refugió por años. Si pisaras los tablones de la interpretación, el arte y la vida. Si alejaras tu orgullo y aceptaras la decadencia del paso del tiempo. Si dejaras de sentir aquel desprecio por mí en la noche cuando mis lágrimas no salieron de tus ojos. Si aquella vez no te hubieras permitido el veneno del olvido en tu vaso. Quizás no te hubieras perdido tratando de volver a encontrarme, quizás hubieras aceptado la vida de otro personaje.Si yo no te hubiese atrapado en mi historia y enceguecido con la consagración de tus pares y del público por el fervor de la emoción que de mí interpretaste. Si no me hubiera cansado de la repetición de mi vida cada noche. Si supieras que fui yo la que te ha dejado y no tu inspiración, tu musa. Quizás no te hubieras hundido en la soledad de este pequeño cuarto de hotel ni esperaras tu muerte.
Nota: Este texto fue escrito bajo el hechizo del cuento Subjuntivo de Juan Sasturain.

Un respiro



Las cuatro paredes de su cuarto le hacían sentir asfixia, sólo agarró su abrigo y salió de allí.
Caminó errante por Recoleta, cuadra tras cuadra, hasta que llegó a Plaza Francia y comenzó a mezclarse en el laberinto humano, que caóticamente la recorría. Se sentó en un banco, a su lado había una revista, –debe ser de algún indigente– pensó y tuvo el inexplicable impulso de tomarla.
El sentimiento de ahogo volvió a abarcarla, se levantó y a paso lento llegó a las escalinatas de la Facultad de Abogacía. Comenzó a leer un artículo y descubrió que era de esa clase que tanto había criticado…chismosa, al percibir esto, se rió y le dolió hacerlo – demasiado tiempo sin sonreír–. Cerró los ojos y dejó que el viento arremolinado le trajera un respiro.
Volvió a sonreír y siguió leyendo.